Cita literaria del Mes
"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar."
Eduardo Galeano
Escritor y pensador uruguayo célebre por Las Venas Abiertas de América Latina, una gran obra que me presentó mi gran Amigo el Doctor Juan Pabón.
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Evocando a una Gran Dama
La LLuvia
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A Margarita le entraron unas ganas desesperadas de saber contar.Le enseñaban con garbanzos y ella se aplicaba:
– Uno, dos, tres... veinte... treinta...
– ¿Y ahora qué sigue?
– ¿Y así un día y otro?
-Cuarenta, cincuenta... y ya contaba de corrido hasta ciento.
Estaba feliz.
Un día aparecieron nubes en el cielo. Ella se sentó junto a la ventana de su cuarto sin hablar. A todos les extrañó verla con la vista fija sobre los cristales.
Empezó a llover y ella soltó por el aire sus números, los que había aprendido, como si fuesen globos de colores.
– Uno, dos, tres... Contaba apresuradamente con ansiedad. Apretaba la lluvia y ella casi se ahogaba porque el agua podía más que su ligereza.
– Sesenta... setenta... noventa... cien...Y soltó a llorar.
– ¿Qué te pasa?
– Se me acabaron los números. Ya no puedo contar más.
– ¿Qué contabas?
– Eso... eso... Yo quiero saber cuántas gotitas tiene la lluvia.
UN DÍA DE LA TIERRA
– Sesenta... setenta... noventa... cien...Y soltó a llorar.
– ¿Qué te pasa?
– Se me acabaron los números. Ya no puedo contar más.
– ¿Qué contabas?
– Eso... eso... Yo quiero saber cuántas gotitas tiene la lluvia.
UN DÍA DE LA TIERRA
Un día la Tierra se quedará sin mi.
Y echará de menos mi presencia porque pasé por ella sin dejar huellas duras.
He procurado ir por los caminos sin romper el césped ni triturar la arena.
Tampoco he tirado las piedras con el pie, ladera abajo, por el gusto de verlas rodar hacia el abismo.
No he desbaratado los terrones que he encontrado que he encontrado al paso porque he tenido miramientos por esa textura compacta, que bien hubiera podido ser una familia de grumos bien avenida.
Ni al valle ni a la montaña he pretendido cambiar sus hechuras. Me gustan las que trajeron del gozo de Dios.
Si alguna vez he roto la Tierra para sembrar me han quedado doliendo los dedos y la he acariciado luego, larga, disimuladamente, haciéndole creer que el halago de mis manos era una simple faena de acobijo para bien de la planta.
Si encontré un secano con grietas burdas eché por ellas hojas y florecitas. Así creería la Tierra que abrió la boca para respirar y se le llenó de aromas.
No he dado a las rutas pies cansados ni vacilantes, sino alígeros y emprendedores. Así a la Tierra no puede herirle la desventura de mis plantas.
Un día la Tierra se quedará sin mi, mejor dicho, sin mi sombra, porque yo estaré muda en su entraña.

Amira de la Rosa
.Nació en Barranquilla en 1903 y murió en 1974. Su verdadero nombre era Amira Arrieta McGregor, pero firmaba con el seudónimo de Amira de la Rosa. Es escritora reconocida en el acontecer literario nacional e internacional. De sus incontables textos se destacan sus piezas teatrales Madre Borrada, Piltrafa y Las viudas de Zacarías, escenificadas en España, Venezuela y Colombia. También escribió para niños. Sus relatos fueron recogidos en un volumen titulado La luna con parasol, una serie de cuentos cortos, llenos de poesía y delicadeza. Algunos de estos cuentos son, más que historias donde sucedan hechos y acontecimientos, verdaderas imágenes poéticas. Los recuerdos de su tierra natal parecen inspirarle estas imágenes y los pequeños cuadros en los que los niños y los objetos no son protagonistas, sino el motivo para deleitarse con el placer de la creación y recreación del lenguaje.
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